Por qué y cómo el ser humano sigue levantándose tras una tragedia como la ocurrida en Japón


RESUMEN DE LA SESIÓN DEL 2 DE ABRIL 2011 DEL GRUPO DE PROFUNDIZACIÓN DE FPN

Estuvimos un buen rato proponiendo posibles preguntas para discutir. Así se planteó para qué sirve tanto esfuerzo del ser humano para construirse y para trabajar ante los desastres que nos llegan y ante la contingencia que nos caracteriza. Otra cuestión que se sugirió, pero para debatirla en otro momento, es si es justo el arte o si hay relación entre arte y moral, o, en otros términos, si el saber que una obra de arte es el producto del sufrimiento humano puede dificultarte el disfrutar de esa obra o si no hay contradicción en disfrutar de ella sabiendo lo que ha supuesto el crearla. También se planteó la cuestión de la situación de violencia en Libia y la intervención desde occidente. Y también el sentido que tiene el pasarse toda la semana trabajando, o si no es un sinsentido consumirnos trabajando para sobrevivir en vez de vivir y de trabajar para poder vivir.

Decidimos empezar por la primera, centrándonos no tanto en el aspecto personal o individual, es decir, por qué o cómo somos capaces de afrontar nuestra fragilidad y contingencia ante los reveses de la vida, como en el aspecto macro, en por qué y cómo el ser humano sigue levantándose tras una tragedia como la ocurrida en Japón, cómo sigue luchando y reconstruyendo su vida sabiendo que es incapaz de controlar a la naturaleza y que, en cualquier momento, puede ésta sorprenderle con una destrucción masiva, con una tragedia brutal.

Erika cree que en esta cuestión lo que se plantea es el propio sentido de la vida, pues, sabiendo que la vida es finita y se va a acabar, ¿tiene sentido el luchar y el esforzarse? Lo que genera ciertas dudas como las planteadas por Pilar sobre si sabemos cuál es el final o la de Félix sobre si de lo que habla Erika es de un final o un tránsito a otra realidad, a otro mundo. Esto nos llevo a discutir sobre si la vida tiene valor en sí misma porque es lo único que tenemos o con  lo que podemos contar, o si es un camino transitorio, una antesala a la verdadera vida y si las diferentes respuestas a este dilema ya clásico implicarían actitudes distintas ante el problema planteado inicialmente. Así, por ejemplo Luís plantea que depende del sentido que demos a la vida y lo que nos permite darle sentido, es decir, ser felices, por ejemplo, y retomando la cuestión del arte, plantea que si el arte es lo que te hace feliz no habría contradicción en disfrutar del arte a pesar de saber que es a costa del sufrimiento de los demás. Por ello plantea que depende de lo que sea o lo que la persona piense que le hace feliz.   Pilar recuerda que el planteamiento no es desde la persona individualmente, sino desde una sociedad. A pesar de ello se vuelve a la cuestión del sentido personal y por ejemplo, Almudena cree que es importante tener claro que el ser humano sabe que tiene que morir y lo importante es que hasta que nos llegue la hora procuremos aprovechar lo mejor nuestra propia vida, pero no solamente para nosotros personalmente sino también por los demás, por ello para ella es importante la cuestión de cómo morimos, cómo afrontamos la muerte. A lo que Félix cuestiona planteándose si depende del tipo de muerte, de si hay muertes con “sentido” porque eran previsibles o esperadas y por lo tanto no nos sorprenden o confrontan con lo imprevisible, mientras que hay otras que muestran la fragilidad del ser humano y la contingencia de la vida. Y se aduce el ejemplo de los japoneses que, a pesar de contar con una tecnología punta y ser una sociedad previsora y desarrollada, no pudo controlar a la naturaleza y evitar el desastre, y ante esto surge de nuevo la cuestión: ¿por qué hacemos tantos esfuerzos, planes, proyectos si no podemos asegurar que se van a poder llevar a buen puerto? ¿qué sentido tiene plantearnos el futuro si éste es incierto y nunca podemos controlar completamente el devenir de los acontecimientos? Para Luís la cuestión fundamental es la actitud que tengamos ante estos acontecimientos, la manera de responder. A lo que Toñi plantea que dado que estamos de paso lo que hay que intentar es aprovechar cada momento y vivir cada día, posición que, en cierto sentido, coincide con la planteada por Erika al defender el “Carpe Diem” o aprovecha el momento. Esto llevó a discutir sobre el sentido del “Carpe Diem”, si se trata de un vive el presente sin agobiarte por el mañana o si se trata de vivir plenamente cada instante pero sin que ello suponga el despreocuparte por el futuro o no hacer planes.

Erika, además, introdujo otro criterio para intentar entender la respuesta de la sociedad japonesa ante el desastre: las diferencias culturales. Toda esta discusión que estamos realizando tiene un sentido distinto si lo planteamos desde occidente, donde nos cuestionamos por el sentido de la vida, que desde allá, donde hay mucha resignación y aceptación. Parece que la cuestión gira en torno a que, ante la fragilidad y la contingencia, la respuesta sería resignarse y aceptar lo que venga. A esto responde Pilar que preguntarte por el sentido de la vida no tiene por qué llevarte a la pasividad sino que puede llevar a revelarte, a seguir luchando, a darle sentido a la vida e intentar dominar el entorno en que vivimos y Almudena defiende que debemos buscar el sentido de la vida en cada momento que nos toca vivir sin buscar solo mejorar nuestra seguridad física, el desarrollo técnico y demás cuestiones similares sino en pensar otros modos de vivir la vida y tener siempre presente que en cualquier momento pueden ocurrir acontecimientos no previstos. Con respecto a la cuestión del dilema de la pasividad vs actividad Toñi considera que se plantea una falsa distinción, pues todo es actividad, que el “no hacer algo” es un tipo de actividad o de acción de respuesta, pero que lo que siempre ha caracterizado al ser humano es la lucha por la supervivencia, que es el propio motor de la evolución. Y Erika, ante la cuestión de rendirse o seguir luchando, se pregunta ¿Por qué decimos que la batalla está perdida? Si somos todos uno, si somos todos parte del todo natural, el acabar no es más que el curso normal de la vida… y para finalizar, Félix -que estuvo dirigiendo hábilmente la sesión- cerró recordando alguno de las posiciones defendidas y argumentadas, como la posición de Erika del “carpe diem” y el posible sentido de diluirse en el todo que ella plantea, o la reivindicación de lo agónico y conflictivo que plantean Juan Carlos y Pilar como parte esencial en la vida humana o la posición de Toñi de que estamos en este mundo de paso y que la vida tiene sentido si se vive cada momento, posición coincidente con la que estaba defendiendo Almudena.

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