Resumen Café Filosófico sobre La confianza 2


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Es tiempo de retomar habituales actividades… Tras el periodo vacacional queremos compartiros el resumen del Café Filosófico que celebramos el pasado junio y que teníamos pendiente haceros llegar. Esperamos contar con vuestra participación en las próximas convocatorias de nuestros Cafés Filosóficos de cara al nuevo curso escolar, que recién estrenamos, y de las que os mantendremos informados en esta web.

 

Café Filosófico FpN sobre la CONFIANZA  (Junio 2015)

Facilita: Azucena Crespo Díaz

Resume: Mercedes García Márquez.

 

Leemos texto extraído del libro de Diógenes Laercio: Vida de los filósofos ilustres.

 Cierta vez Anaxarco cayó en un pantano, Pirrón siguió su camino sin socorrerlo. 

Mientras alguno lo censuraba por su conducta

el propio Anaxarco lo elogió por su indiferencia y falta de afecto.

 

Nos preguntamos por las conexiones del texto con la cuestión de la confianza. No aparece obvio, seguramente porque se interponen nuestras propias ideas sobre la confianza que no encajan a primera vista con el sentido del texto. Se da un pequeño debate sobre si la animadora del diálogo (que es la que lo presenta como conectado) debiera ser la que responda a la pregunta, finalmente es un participante el que aporta una posible conexión: “Pirrón confía en la capacidad de Anaxarco para salir por sí sólo del atolladero”.

Otro participante añade que lo que sobresale del texto es la actitud de Pirrón cuya intención parece didáctica y que muy bien podría sustentarse en esa confianza mencionada. Desde el punto de vista de la confianza, habría que leer que la intención de Pirrón es no sustituir las propias fuerzas de Anaxarco y por tanto contribuir a que éstas se desarrollen. La confianza pues aparecería como fondo de la situación, y en primer plano está el gesto de Pirrón; gesto que desobedece al resorte de ayuda samaritana por el solo hecho de que el prójimo se encuentre en un momento de fragilidad.

El texto dice que “alguno le censura”, seguramente porque considera que Pirrón no cumple con la conducta esperable. Esperable por deseable, se entiende. Ante esos ojos Pirrón comete una falta, deja de hacer algo como es debido. Hay en ello otro elemento que se pone en juego, más allá del posible malestar de Anaxarco, y es que ese “alguno que censura” parece responder con compulsividad a la necesidad de recomponer un orden, un orden quebrado por la caída. Parece una reacción que responda a la idea de que el ser humano es un ser erguido y esa pérdida de pie ha de ser remediada sin dudar. Pirrón sin embargo se retrae de esa reacción instintiva de intervenir en el orden de las cosas. Fijándonos también en los términos en los que Anaxarco evalúa a Pirrón como “indiferente y falto de afecto”,comentamos que puede corresponder al comportamiento de un Pirrón contemplativo, aceptador del orden de las cosas tal y como suceden y ante las cuales no reacciona automáticamente para modificarlas y menos para restaurarlas.

Tendríamos pues dos posibles interpretaciones: la actitud de un Pirrón pedagógico y la de un Pirrón contemplativo; en la primera tendríamos propiamente confianza, en la segunda habría más bien aceptación, que algún participante entiende como una forma de confianza.

Pero… esa no intervención de Pirrón, nos plantea la animadora…¿no es una forma de intervención en el destino de Anaxarco? Así es, intervenga o se abstenga, Pirrón es un componente esencial de toda la situación. Pero además es que no hay que perder de vista que en el “orden de las cosas”, que Pirrón respeta, está incluido que Anaxarco no es una piedra, sino que tiene brazos y piernas y la capacidad de salir por sí mismo. Así que aquí se podrían unir la intención pedagógica con esa indiferencia de bases metafísicas, en una síntesis compatible con la confianza.

Un participante ve problemático que se pueda confiar en un orden natural, prefiriendo la idea de que lo que es digno de confianza es el ser humano y lo que él hace dentro de ese orden. Trae a colación la idea unamuniana de la fe, que siempre se da con respecto a alguien (con capacidad de acción) nunca con respecto a algo (sin voluntad propia).

Además el que confía, aunque no está seguro, espera algo; de modo que hay una anticipación de lo que ha de llegar y que sólo una conciencia puede hacer. Esto quizás no termine de casar con la “indiferencia” pirrónica, incompatible con la esperanza de que algo concreto suceda…

Lo que está claro es que Pirrón no hace nada, y en el caso de que eso sea por confianza en la capacidad de Anaxarco, tendríamos en el texto una ejemplificación de la confianza; pero en el caso de que la inacción sea por total indiferencia hacia la suerte del caído, sería difícil ver una conexión con la confianza (en la que no hay indiferencia y sí compromiso).

Llegados a este punto alguien apunta al gesto de confianza por parte de Anaxarco hacia ese Pirrón indiferente, precisamente porque esa actitud de indiferencia (elogiada por Anaxarco no lo olvidemos) corresponde a una filosofía con la que él está de acuerdo.

La animadora nos lleva a preguntarnos cómo le podría afectar a alguien, cualquiera, esa indiferencia de Pirrón. En el peor de los casos se podría entender que uno no es valioso y por tanto no merece la pena que alguien se ocupe de ti y, llevado al extremo, podríamos tener a un indiferente que podría pensar que si no eres capaz de hacer algo por tí mismo mereces sucumbir.

Pero es más lógico pensar que Pirrón, como filósofo, actúa desde la sabiduría de una visión global, libre de una impresión inmediata, y que por tanto la inacción es una estrategia, con un fin, es decir que la indiferencia suya es algo meditado…y, en última instancia, si Pirrón confía en las capacidades de Anaxarco, es que le valora.

Y si alrededor nuestro nadie muestra confianza en nosotros …¿podemos confiar en nosotros mismos? Vemos cómo los demás te devuelven una imagen que te constituye. Nos preguntamos en qué medida esa imagen es justa (los demás podrían desconfiar con razón de nosotros) o no, o incluso podría corresponder a un ambiente de desconfianza generalizada en el que todos desconfían de todos.

Alguien trae a colación la idea leída de que, en la actualidad, la desconfianza se está instalando entre los individuos, incluso entre iguales, no sólo con respecto al extranjero. Y sin embargo sabemos que la confianza es algo básico desde el momento en que nacemos dependientes. Bien es verdad que caemos a menudo en la ilusión de creer que confiamos cuando en realidad sólo esperamos que las cosas sean como deseamos.

Vemos la diferencia entre confianza y convicción. El convencido no tiene fisuras en su fe. Lo que no puede cubrir con razones lo cubre con su voluntad. Las convicciones se dan sobre las ideas, la confianza se da sobre las personas y se aproxima más a un sentimiento.

Así pues tenemos que la confianza puede corresponder a una actitud coherente, unificada, muy trabajada como es el caso del filósofo Pirrón o puede darse de manera intuitiva, porque es necesaria para vivir.

¡Gracias por vuestra participación!

Nos vemos pronto para seguir filosofando en común…

 


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