Reunión 2: La manipulación


Después de ver los veinticinco primeros minutos de la película V de Vendetta, seleccionada por Federico (facilitador de la sesión), se formularon las siguientes preguntas para la reflexión:

LUCÍA: ¿Para que se produzca la manipulación hace falta que haya dos partes?

LUIS: ¿Conseguir la seguridad resta libertad? ¿Todas las relaciones humanas tienen un componente de manipulación

ALMUDENA: ¿Cómo influye el miedo en la manipulación?

ALEJANDRO: ¿Es fácil saber si te están manipulando?

LUIS C.: ¿Qué es la manipulación? ¿En qué consiste y qué elementos tenemos para reconocerla?

Después de hacer una breve clarificación de cada una de las preguntas, se eligió la pregunta de Luis C. para comenzar el diálogo, pues se entendió que era una pregunta central que englobaba a las demás.

Lucía comienza exponiendo que se podía distinguir la manipulación por la INTENCIÓN de aquel que la estuviera llevando a cabo. Sin embargo, Luis C. señala la siguiente objeción: ¿es posible no tener intención? Es decir, ¿no sería todo una manipulación ya que todo lo que se dice es intencional? Y para ilustrarlo pone el siguiente ejemplo: se produce un accidente de tráfico y hay dos testigos con dos versiones distintas de dicho accidente. ¿No están los dos manipulando la realidad?

Ante esta objeción, Lucía matiza su postura y afirma que el que manipula tiene una intención de provocar algo en el otro, y Alejandro añade que además esa intención busca dirigir al otro hacia el propio interés del que manipula.

Después de esta matización, Federico planta si, en la película, el protagonista, V, no está manipulando, a lo que Lucía, Alejandro, Luis y Almudena contestan que no, ya que el protagonista invita a los demás a pensar, pero no les obliga a nada. Sin embargo, Luis C. sostiene que el protagonista tenía un propósito y un interés, y siempre que hay interés hay manipulación. Como todo discurso es intencional, todo es una manipulación. Dada esa afirmación, Federico pregunta si lo que estábamos haciendo en ese momento, es decir, dialogar juntos, no sería también una manipulación, a lo que Almudena contesta que no, ya que establece que un componente fundamental de la manipulación es la coacción y el diálogo se caracteriza por la libertad (estábamos allí porque queríamos y podíamos expresarnos sin coacción alguna). Alejandro añade, para reforzar la tesis de que en el diálogo no se manipula a pesar de que haya intencionalidad, que otro componente de la manipulación es el engaño y la imposición de ideas.

En ese momento, Luis C. planta el siguiente problema: si admitimos que la coacción es una forma de violencia (cosa que sí se admitió), ¿no está V coaccionando ya que utiliza la violencia para llevar a cabo su objetivo? ¿Qué es lo que le haría diferente del gobierno (en la película), que es el que manipula al pueblo? Lucía contesta que el tipo de violencia que utiliza V es distinta a la del gobierno. Ésta última para Lucía es más sutil. Alejandro añade que la violencia que manipula es la que se ejerce sobre las ideas. Luis, además, entiende que la explosión del Parlamento que provoca V no es violencia, sino más bien un acto simbólico que expresa la ruptura con la justicia corrompida. Pero Luis C. objeta lo siguiente: ¿quejarse de la manipulación con la violencia no es igual que fomentarla? Y Lucía, contestando a Luis C., pregunta: ¿es una manipulación promover que las personas piensen por sí mismas? Pues entiende que esta es la pretensión de V.

En este momento y para reconducir el diálogo, Federico pregunta qué diferencia hay entonces entre la intención y la manipulación, y Luis añade en forma de pregunta: ¿una cosa es la intención y otra la manipulación? Lucía es la primera en contestar diciendo que una cosa es afirmar algo (“Todas las Lucías deben morir”) y otra manipular, que Alejandro añade que consistiría en convencer a los demás de que se debe matar a todas las Lucías.

A continuación Federico plantea un nuevo problema: ¿no es la educación una manipulación? Y Luis C. añade la siguiente pregunta relacionada con este problema: ¿habría una manipulación “buena” y otra “mala”? Pone como ejemplo los diálogos socráticos, en los que Sócrates dirige a su interlocutor hasta que éste llega a una conclusión. ¿Pero realmente Sócrates sabe ya de antemano la conclusión a la que tiene que llegar su interlocutor? Luis C. concluye diciendo que para que haya manipulación tiene que haber consciencia, con lo que Lucía está de acuerdo, pero no así Luis, que objeta planteando el siguiente ejemplo: ¿si no eres consciente de que asesinas, no eres asesino? A lo que Luis C. contesta que no, ya que si uno fuera consciente de lo que supone asesinar, no lo haría.

Para reconducir de nuevo el diálogo, Federico vuelve a retomar la pregunta inicial: entonces, ¿qué elementos tiene la manipulación? Y entre todos se hace una recapitulación en función de lo dicho, donde los elementos de la manipulación serían la coacción, la violencia, el engaño y la censura de las ideas. Es entonces cuando Luis C. cuestiona que los elementos de la manipulación sólo sean malos. Alejandro contesta afirmando que si no, no habría manipulación ya que la manipulación se distingue por el cómo se haga, no por el fin que se persiga. Pero Federico, objeta con un ejemplo: si tu fin es mantener el poder y utilizas el chantaje positivo (medio positivo), ¿no estás manipulando?

A continuación se vuelve a plantear el problema de si en la actividad del diálogo filosófico hay o no manipulación. Lucía contesta diciendo que si dos personas hablan y se otorgan un espacio de libertad mutuamente, no hay manipulación. De alguna forma se elimina el fin, por tanto, no existe manipulación. Luis C. está de acuerdo y también afirma que si no se persigue un fin utilitarista, no hay manipulación. Por tanto, dialogando no manipulamos.

En ese momento Luis plantea un nuevo problema que a penas da tiempo a tratar: ¿es subjetiva la manipulación? ¿Depende de quién reciba el mensaje y cómo lo interprete? Luis pone el ejemplo de las cámaras de seguridad que hay instaladas en las calles. Para muchos viandantes estas cámaras no afectan a su intimidad, por tanto entienden que no hay manipulación. Pero para otros, sí, por tanto sí habría manipulación. Lucía plantea, entonces, la siguiente pregunta que no se llega a contestar: ¿una persona que no es consciente de que está manipulada, lo está realmente?

Como conclusión del diálogo, Lucía plantea que quien se cree estar en posesión de la verdad, manipula y Federico añade que quien busca la verdad, no manipula. Es decir, la posesión de la verdad implicaría imposición y, por tanto, manipulación; y la búsqueda de la verdad implicaría apertura, libertad y, por tanto, no manipulación.

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