Reunión 4: ¿Es lo mismo ser consumidor que consumista? 5


Yo, coautora de este blog me declaro consumista hasta las trancas. No consumidora, no, consumista…

La reunión del pasado viernes me hizo caer en la cuenta de que soy, no estoy no, soy consumista y veamos los motivos…

Arrancamos con un texto de Zygmunt Bauman, propuesto por Juan Carlos, nuestro facilitador, en el que se exponía la tesis de que estamos ante una sociedad consumista que se distingue de la consumidora en varios aspectos:

-Nos consumimos a nosotros mismos, nos convertimos en objetos susceptibles de ser consumidos. Ejemplo de ello son los blogs en los que nos enmascaramos detrás de una ficción creada para ocultarnos.

-Nos presentamos como productos, lo que prima es saber venderse.

-Nuestra identidad y nuestro estatus social depende de lo que consumimos.

Todo esto quedaría sintetizado en la idea de que somos lo que consumimos.

Pues bien, con este planteamiento comenzamos la indagación. Desde el principio se marcaron dos posturas bien diferenciadas.

Por un lado, un grupo consideraba que el consumista era aquél que tenía un consumo desordenado, que tenía un afán por acumular cosas y por adquirir lo último siempre. El consumista, según ellos, no se ve atraído por el producto en sí sino por la novedad del mismo a la vez que lo que compra no es el producto sino todo un estilo de vida, una forma de pensar o de sentir determinadas. Este tipo de personas tiraría los objetos no porque dejaran de serle útiles sino porque ya no estarían a la moda, porque no serían la novedad. Por lo tanto, hablaríamos de gente que se construye una ficción detrás de la cual se ocultaría seguramente por algún tipo de inseguridades, motivo por el cual para no dejar de ser y de existir compraría en esta sociedad que empuja a ser consumista: si no tienes lo último no formas parte de la sociedad, si no tienes móvil ya no eres, si no compras la última moda en ropa tampoco formas parte de la realidad.

Por otro lado, el otro grupo partía de la distinción entre consumidor y consumista que radicaba en el criterio de la posesión para la subsistencia o de la posesión más allá de esos niveles mínimos. Así, el consumidor sería todo aquel que compra u obtiene algo para poder sobrevivir-subsistir. El consumista, por el contrario, sería la persona que tiene más de lo que necesita, sea por querer tener mucho o por querer tener lo último o por querer tener lo mejor. Esto caracterizaría el paso de una sociedad de subsistencia a una del bienestar. Así, desde este punto de vista todos hoy en día seríamos en mayor o en menor medida consumistas y no consumidores: todos disfrutamos cuando compramos, cuando adquirimos algo se adquiere también una imagen y un estilo de vida pero no porque sea algo impuesto desde fuera sino porque al fin y al cabo si compramos algo determinado es porque va con nosotros, por ejemplo, si yo compro un anillo grande y extravagante lo compro yo porque me gusta a mi y va conmigo y otro se comprará una chaqueta de pana que yo no haría porque va con él. No es que el objeto construya mi estilo de vida y mi manera de ser si no que refuerza lo que yo ya soy, en el sentido de que muestro lo que soy(apariencias y esencias serían las mismas). Esta es una de las grandezas de nuestros días, desde mi punto de vista: la personalización. Ya no vestimos de manera homogénea y, aunque hay modas, hay muchas modas(ahora se llevan los zapatos con tacones anchos y punta redondeada al igual que los zapatos bajos y punta cuadrada) que me permiten elegir lo que me gusta y combinarlo como quiero para dar con esa imagen que es el reflejo de lo que soy(lo externo se adecua a lo interno, aunque también puede ocurrir al revés, pero no por el consumismo…)

Desde esta perspectiva, toda persona que comprara compulsivamente sería una persona con algún trastorno pero no, como se afirma en la anterior perspectiva, porque sea así el perfil de todo consumista que hoy en día abunda en nuestra sociedad.

Y añadimos ahora…a lo largo de la historia de la humanidad la élite que podía permitirse el acumular y comprar, adquiría no lo pasado de moda sino lo último y si podía ser en grandes cantidades, mejor que mejor. Y compraba no sólo porque fuera útil o por estética sino porque eso le permitía continuar en un estatus social determinado, es decir, su sociedad le empujaba a ello para no dejar de ser, de existir. Hoy en día, esa élite no son dos personas, ahora la gran mayoría aquí vivimos en un estado de bienestar que nos posibilita el adquirir más ¿y qué adquirimos? Mucho más de lo que necesitamos y dependiendo de las personas y de los objetos hay veces que son la última, otras que son los productos de gran calidad y otras los productos que sencillamente nos gustan al margen de cualquiera de las dos condiciones anteriores. Pero nunca adquirimos lo que no es útil, sí tal vez cosas que luego no utilizamos(acumulamos) pero no algo que sea la novedad y no valga para nada, aunque sea para adornar….

Siempre, desde que el ser humano es ser humano, quién sabe cuándo, ha habido gente que aparentaba y gente que mostraba lo que era. Los defensores de la primera posición indican que el consumista se construye algo ficticio y el consumidor no. Desde mi punto de vista, el ficticio puede ser consumidor y consumista, es cuestión de la persona, no de su comportamiento a la hora de consumir.

Por todo esto me declaro, como decía al principio, consumista pero no en el primer sentido sino en el segundo, que es el que he aprovechado para defender aquí. Os dejo ahora abierto el turno de palabra para continuar con este tema por el que no cesamos de dar círculos sin aparentemente avanzar para unos y, para otros, todo lo contrario: fue la fuente de un diálogo ameno. Fuera de la forma que fuere lo que sí que es cierto, y en esto estuvimos de acuerdo por lo que podemos decir que es nuestra verdad consensuada, el bizcocho con mermelada de arándanos de Pilar estaba exquisito y el zumo de naranja de Juan Carlos fue el acompañamiento perfecto.

Un placer…como los demás meses…ahora sólo nos queda ir pensando sobre la problemática para el mes que viene.

Os deseo mucho ser y poco aparentar!!!!Mucha belleza interior y exterior, no sólo exterior!!!!


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5 Comentarios en “Reunión 4: ¿Es lo mismo ser consumidor que consumista?

  • yastorga

    Hola! Muchas gracias por el resumen, Ana!!

    No pude ir a la reunión pero aquí os dejo dos reflexiones de Erich Fromm que, en mi opinion, creo que vienen al caso.

    “El capitalismo moderno necesita hombres que cooperen mansamente y en gran número; que quieran consumir cada vez más; y cuyos gustos estén estandarizados y puedan modificarse y anticiparse fácilmente. Necesita hombres que se sientan libres e independientes, no sometidos a ninguna autoridad, principio o conciencia moral -dispuestos, empero, a que los manejen, a hacer lo que se espera de ellos, a encajar sin dificultades en la maquinaria social-; a los que se pueda guiar sin recurrir a la fuerza, conducir, sin líderes, impulsar sin finalidad alguna -excepto la de cumplir, apresurarse, funcionar, seguir adelante-.”…

    ..”La felicidad del hombre moderno consiste en “divertirse”. Divertirse significa la satisfacción de consumir y asimilar artículos, espectáculos, comidas, bebidas, cigarrillos, gente, conferencias, libros, películas; todo se consume, se traga. El mundo es un enorme objeto de nuestro apetito, una gran manzana, una gran botella, un enorme pecho; todos succionamos, los eternamente expectantes, los esperanzados -y los eternamente desilusionados-. Nuestro carácter está equipado para intercambiar y recibir, para traficar y consumir; todo, tanto los objetos materiales, como los espirituales, se convierten en objeto de intercambio y de consumo”.

    Erich Fromm. “El arte de amar” – III. El amor y su desintegración en la sociedad occidental contemporánea, págs. 86 y 87. Ed. Paidós, 1959.

    Fromm está tratando la cuestión de la desintegración del amor en la sociedad occidental actual y creo que por ello la crítica, aunque válida y, en mi opinión, real, es bastante dura.

    Estoy de acuerdo con lo expuesto en la reunión sobre que el consumista se crea una imagen ficticia, da más importancia al “tener” que al “ser” -muchas veces lo hace por encima de sus posibilidades económicas, de ahí el surgimiento de las empresas que ofrecen “dinero fácil”, “agrupan deudas”, “compre hoy y pague dentro de X meses”, etc….-. No creo que el hecho de poder elegir el modelo de TV, la marca de leche o cereales, el estilo de la ropa y calzado nos vuelva consumistas a todos; hoy día existen multitud de opciones abiertas, incluso podemos elegir no tener ciertas cosas. Creo que el consumidor elige aquellas adecuadas a sus posibilidades (incluso en el número de veces al mes que puede permitirse ir al cine, por ejemplo) y las disfruta con mayor intensidad que el consumista ya que le da más importancia al “ser” que al “tener”.

    Y también pienso que “la sociedad del bienestar” no existe aún (a los párrafos anteriores me remito), creo que es sólo una idea que los políticos nos quieren vender.

    Un abrazo,

    Yolanda.

  • Anónimo

    Eché en falta algo sobre el texto de Félix que me interesaba mucho: la influencia de la publicidad y los medios que utilizan para manipularnos, no solo ya en el consumo sino en el pensamiento y en la aceptación de formas de vida. ¿Podemos realmente confiar en los mensajes que nos lanzan desde los medios sabiendo que detrás de ellos están los grandes intereses comerciales? Sabiendo que las televisiones, periódicos, radios se financian con la publicidad ¿denunciarán cuando se estén infringiendo nuestros intereses como ciudadanos o consumidores? ¿Es consciente la sociedad actual de lo que está pasando y estamos arbitrando algún medio para subsanar la situación?

    También me parece que las personas, en muchas ocasiones, sabiendo que los medios de comunicación están sesgados a intereses de pensamiento solo quieren obtener información de ellos para reafirmarse en sus líneas de pensamiento (personas con tendencias políticas claras que solo escuchan la COPE y leen “El Mundo” o “La Razón”, o en el otro espectro de la realidad los que solo escuchan la Ser y leen el País. ¿Qué sentido tiene al no ser que hoy en día estemos anulando el sentido crítico de nuestras propias ideas y nuestra forma de estar en el mundo?

    Pilar