¿SIGUEN EXISTIENDO LOS TABÚES? 2


No es fácil hacer un resumen de la discusión que tuvimos el viernes día 2, pues fue intensa y duró algo más de dos horas. Sin duda faltarán aportaciones de personas diversas y quizá tenga la tendencia a resaltar lo que yo dije, y dije mucho, pero buscaré la objetividad.

Pilar hizo una buena presentación del tema, recordando lo que ya se había dicho en las cartas previas.  Su planteamiento inicial fue al núcleo del problema: los tabúes son sobre todo prohibiciones que en su momento dieron lugar a las leyes por las que se rigen los seres humanos. Ahora bien, si ya son leyes, ¿siguen siendo tabúes? ¿Siguen existiendo tabúes en la sociedad actual. Félix señaló que no se trata de una sucesión cronológica, pues siempre han existido ambos, tabúes y leyes, continuidad que Pilar acepta, mientras Juan Carlos señala que permanecen tabúes entendidos como aquello que en una sociedad se está mal visto y es condenado, pero sin ser prohibiciones explícitas.

Estas intervenciones iniciales, unida a otra de Adolfo, plantean una cierta dicotomía, que quizá pudiera resolverse con el diccionario que pedía Adolfo. Por un lado, una interpretación amplia de los tabúes, que ve en ellos esas prohibiciones no explícitas que regulan la vida social; un ejemplo era la prohibición de hablar del dinero que se gana en la sociedad canadiense. Ese enfoque le parece adecuado a Almudena. Por otra parte, Félix llama la atención sobre un sentido más restringido del tabú: es lo sagrado, lo que nos viene dado desde fuera imponiendo un límite a nuestro comportamiento que no debemos traspasar.

Aunque la opción es clara y son dos sentidos diferentes, la verdad es que durante la conversación pasamos de uno a otro con cierta facilidad. Igual no es una distinción tan clara. En todo caso hay preguntas que valen para ambos sentidos, una vez que aceptamos que sigue habiendo tabúes en la sociedad actual, más en sentido amplio que en sentido estricto, pero hay ambos. Por ejemplo el tabú del incesto del que hablan Pilar y Lucía, entre otras personas. El incesto sigue produciendo un fuerte rechazo, es además una prohibición legal y eso fue lo que llamó la atención de Pilar sobre este tema: una novela en la que el incesto no era algo mal visto, y eso le provocó una cierta sorpresa.

En todo caso hay que volver al problema. ¿Sigue habiendo tabúes? ¿Por qué persisten? ¿Qué rasgos poseen que les hace ser aceptados  sin una reflexión consciente? Luis adopta una línea de respuesta abierta: hay, y hay muchos. Pilar considera que hay que ser más restrictivos pues si todo es tabú, ya no hay tabúes. Hecha la aclaración, existen tabúes, del mismo modo que existen nuevas formas de aceptar lo sagrado.

Dicho esto, Carmen retoma la exigencia de señalar los rasgos que los definen. Uno de ellos, al que volveremos más veces, es el de proteger a la comunidad. Eso es, según algunos, lo que justifica el incesto: protege la vida familiar y evita la endogamia. Como ejemplo de la persistencia del tabú, Carmen pone el ejemplo una pareja de dos hermanos que descubren que lo son cuando van a hacerse pruebas de fecundidad. Deciden continuar a pesar del descubrimiento de sus vínculos fraternos, hasta que la mujer se entera de que su hermano ya lo sabía. Ocultarle algo tan importante hace que la hermana no quiera ya mantener la relación.

Juan Carlos, para hacer ver esa persistencia de los tabúes, habla de diversas prohibiciones y menciona el Señor de las Moscas. Lucía apunta otra explicación: el tabú, como prohibición, parece más eficaz que la argumentación racional, aunque no sabe por qué es así. Eso le lleva al ejemplo de los problemas que está plantando la manipulación genética, y la clonación humana le parece tan rechazable como el incesto. Ana insiste en la manipulación genética y considera que en este caso la prohibición se impone porque en definitiva se pretende jugar a ser dioses. Pilar entonces llama la atención de que los tabúes pueden tener una dimensión negativa: imponen prohibiciones que impiden el desarrollo de tratamientos beneficiosos. Desde luego la manipulación genética despierta honda preocupación porque pude abrir puertas peligrosas y porque toca lo más profundo de la naturaleza humana.

Carmen y Félix introducen una discusión colateral, interesante pero que no se continúa. Carmen parce asociar la libertad humana con la ausencia de límites, lo que implicaría la ausencia de tabúes. Félix le recuerda que los límites hacen posible la libertad, nunca la coartan. Con alusiones al árbol de la ciencia del bien y el mal, del relato bíblico del paraíso, pasamos a otro aspecto pues Luis, retomando algo que ya había planteado Pilar en una pregunta, vincula el tabú con la esencia del ser humano, algo unido al misterio de nuestra existencia que debe ser aceptado sin comprensión.

Juan Carlos relaciona esta afirmación con otra anterior y hace dos observaciones: los tabúes son útiles y necesarios, pero pueden ser utilizados de diversas maneras, algunas muy represivas. Además, cuando un tabú es asumido conscientemente, deja de ser un tabú y más bien pasa a ser norma de convivencia. Discutir la historia de los tabúes, su genealogía, podría, según Adolfo, ayudarnos a dirimir esa cuestión; por ejemplo, en un mundo superpoblado, la homosexualidad deja de ser una amenaza para la perpetuación de la especie. Por su parte, Lucía considera que no son normas de convivencia, pero que afectan a esas normas. Y en este momento Luis, seguido por Félix, vuelven al enfoque alternativo: los tabúes son generadores de normas, es decir, son más bien la propuesta de un fundamento más allá del alcance humano que proporciona validez moral a las normas sociales. Producto de la convención son las leyes positivas, pero la ley natural, y en su caso la ley eterna, están presentes como algo previo a la convención. Juan Carlos insiste con fuerza: incluso el tabú es producto de la convención, y Félix le recuerda que eso es precisamente lo que se discute y que conceder eso es anular completamente la interpretación que defienden Luis y él mismo. Luis, para apoyar su tesis, insiste: las convicciones religiosas son algo que tenemos y en lo que estamos, a partir de lo cual se fundamenta nuestra conducta.

Pilar ofrece un enfoque distinto de este problema planteando una pregunta: ¿Generan las sociedades religiosas más tabúes? Almudena creo que no es así, mientras que Ana dice que sí, lo cual, dice Félix, no deja de ser tautológico si aceptamos la dimensión religiosa del tabú.  Y por este camino volvemos a un punto anterior de la mano de Lucía: no es cierto que los tabúes sean generadores y legitimadores de valores morales; los ateos, quienes no admiten tabúes, tienen también firmes convicciones morales que les imponen una conducta. En estos momentos, en sociedades en las que sigue habiendo muchas personas religiosas, pero que al mismo tiempo son sociedades muy secularizadas, las convicciones morales se mantienen. Es más, Adolfo considera que en las sociedades no religiosas hacen falta más tabúes precisamente porque han perdido el sentido religioso del tabú, lo que nos lleva de nuevo a la distinción inicial entre los dos sentidos del tabú.

Pilar, con una nueva pregunta, nos conduce otra vez al tema de los rasgos esenciales de los tabúes. Y en este caso exploramos la idea de que, sobre todo, producen rechazo. Félix menciona incluso la palabra asco, pero más bien se mantiene la idea de que lo que provocan es rechazo profundo, algo en lo que insiste Lucía.

La verdad es que la discusión siguió un rato más, pero ya me había cansado de tomar notas y, además, creo que entramos en la etapa de cierre. Y eso dio tiempo a valorar positivamente la actitud de la moderadora y a que Dori, espectadora, hiciera una valoración de la discusión que provocó un ligero conflicto de interpretaciones que no fue a más. Y quedó pendiente cómo deberían ser las reuniones del año próximo y dónde deberían celebrarse. Félix lanzó la idea de pasar a una cafetería y convertirlas en algo abierto a más gente. No llegamos a ninguna conclusión, desgraciadamente. Dijimos que resolveríamos en la cena pero, obviamente, en la cena nos dedicamos a otras cosas. Con dos horas de diálogo filosófico estábamos ya algo saturados. Y un poco más el escriba que tomaba notas y además, según algunas lenguas maledicentes, no paraba de hablar como, insisten esas lenguas, es su costumbre. Espero que esta acta, sin zanjar la acusación anterior, deje por lo menos claro que incluso en el caso de que hable mucho, también escucho mucho. Ya lo decía el refrán español: «Todo el mundo se fija en el vino que bebo y nadie en la sed que paso».


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2 Comentarios en “¿SIGUEN EXISTIENDO LOS TABÚES?

  • Eva

    Muy buen tema. No entiendo el título de este post, es como si consideraran que son dañinos, pero un tabú es algo ético, como el tabú del Incesto. Otra cosa son los prejuicios, que aunque tengan visos de tabúes, son más prejuicio que tabú. Muchos han sido impuestos ferozmente, como la discriminación racial pre y post liberación de los esclavos en América. Eran libres pero eran considerados indeseables; hoy hemos superado ese prejuicio porque no tiene basamento, es simple rechazo anímico, argumentado internamente por absurdos sentimientos de superioridad. Pero a medida que la humanidad aprende más, se da cuenta de lo equivocada que está en relación a prejuicios, y los supera; pero el tabú es un asunto distinto, deviene de una postura ética o el reconocimiento de algo sagrado, como es el tabú del incesto. En lo que insisto es que una cosa es un Tabú, y otra un absurdo prejuicio que por ser un rechazo parece un tabú. Yo lo veo así, un tabú es algo que nosotros mismos asumimos con autonomía, y que la Ley debe reprimir por violador de algo más allá de nuestra limitada comprensión. Por eso son más los prejuicios que los verdaderos Tabúes. Tal vez el único verdadero Tabú sea el Incesto. Otro sería para algunos, el aborto provocado, porque implica vida, un tema que una vez manifestada no nos corresponde interrumpir; un asunto de la divinidad. Los prejuicios si es cierto que debemos trascenderlos. Saludos